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Aprender a persuadir

¿Aprender a persuadir es posible?

aprender-persuadir¿Qué diferencia hay entre argumentar y razonar? Una muy débil. Cuando uno argumenta en su cabeza sobre algún tema está razonando y cuando expresa estos razonamientos, en voz alta, por escrito a una persona, está argumentando. Es el mismo proceso sólo que se diferencia en donde se localiza: dentro o fuera de nuestra cabeza para decirlo de una manera muy simple.

Argumentar o razonar, es un proceso innato. Nadie enseña a un niño a argumentar pero en cambio ¡qué bien argumentan cuando quieren algo, ¿verdad? A nadie que haya tenido hijos se le escapa esto. Mi hija, actualmente desea un perro. En casa sabemos lo que implica tener un animal así, nosotros pensamos en las desventajas: cuidarlo, sacarlo a pasear, bañarlo… pero ella sólo imagina las ventajas. No puede ser de otra forma. Lo que es interesante es ver cómo utiliza todos los recursos habidos y por haber para convencernos. Ahora bien, no utiliza sólo argumentos racionales sino que además los tiñe de emoción. Y cuando a un argumento bien sustentado se le añade emocionalidad, entonces cobra una gran fuerza. Y los niños eso lo saben hacer muy bien, ¿no es cierto?

Pues bien, estos dos elementos son los que fundamentan la persuasión. Un buen persuasor argumenta de manera racional pero al mismo tiempo busca que estos argumentos generen la suficiente emoción para mover a la otra persona. Si solo hay argumentos puede que se convenza alguien de algo pero que no pase a la acción y se quede en mero convencimiento. Si hay sólo emoción puede que la persona esté deseosa de hacer algo e incluso lo haga pero con el tiempo perder fuelle porque no hay razones que sustenten sus actos.

Aprender a persuadir implica justamente esto, saber dar razones vestidas de emoción para generar efectos. Uno puede leer que aprender a persuadir hará que mejore su manera de comunicar, que incrementará notablemente su éxito profesional porque sus mensajes serán más precisos, más eficaces. Ahora bien, si además lee que se diferenciará de los demás, que siempre podrá la vuelta a cualquier situación y habrá tenido todo aquel éxito que se merece y que tanto hubo deseado, entonces te apuntas a un curso para aprender a persuadir. Tienes razones y tienes emoción. Si la emoción mueve montañas, los argumentos sustentan el deseo de moverlas.

Y vale la pena aprender a persuadir, a no ser que pienses que las ideas, los productos se venden solos, que no hay que hacer nada más que decir “mira aquí hay esto” y los demás lo compraran. A no ser que `pienses que las personas al presentar los datos se darán cuenta y querrán ir en la dirección que tu consideras adecuada. No es así. Hay que generar atención, suscitar interés, argumentar las razones por las que hay que hacer algo y, por supuesto, generar la emocionalidad adecuada. El coctel entonces es efectivo.