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Argumentación

La argumentación es dar sustento o justificar una conclusión. Argumentamos muchas veces cuando negociamos, hablamos en público o simplemente, conversamos. Con argumentos tratamos de convencer o de persuadir a nuestro interlocutor por lo que forma parte importante de nuestros mensajes tanto a nivel personal como profesional.

Pero argumentar no es simplemente “dar argumentos” implica saberlos reforzar, es decir hacerlos “fuertes”; protegerlos ante las acciones de los demás; adecuarlos al interlocutor (hacerlos sólidos) así como hacerlos creíbles.

Al mismo tiempo hay otras habilidades implicadas en el proceso: saber “escuchar y detectar” los argumentos utilizados por los demás para poder detectar los “puntos débiles” y errores que cometen a la hora de argumentar, cómo utilizan uso de falacias, por ejemplo, par poder contrarrestarlas. Todo ello indispensable cuando queremos contraargumentar con eficacia.

Y por supuesto también necesitamos autocontrol emocional. ¿Por qué? Porqué muchas veces nos dejamos llevar por la pasión y eso nos hace perder de vista nuestros objetivos así como que la calidad de nuestros argumentos baje de manera alarmante además, necesitamos una flexibilidad mental que nos facilite flexibilidad argumentativa

La argumentación, por tanto tiene que venir acompañada por una serie de habilidades, psicolingüísticas y emocionales, para hacerla eficaz.