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¡Marchando una de niños con inteligencia emocional!

A boy runs down a sand dune while playing after the sun sets at Moonlight Beach in Encinitas

Hace poco me invitaron a dar una conferencia en el Colegio Natzaret de Barcelona a una clase de 5º de primaria. Como estaban trabajando en clase el tema del sistema nervioso les propuse vincularlo al de inteligencia emocional. Les pareció bien. Para mi, todo un reto, ¿cómo adaptar lo que explico en la Facultad, en Empresas , es decir, para gente adulta a niños de esa edad (10-11 años)?

Antes de empezar pedí voluntarios –la verdad es que se ofrecieron todos- y puse a varios de ellos en hilera cogidos por la mano. “Sois nervios. Sois el sistema nervioso periférico” Ninguno lo cuestionó ¡Me encanta esas ganas de jugar!. Al final de la cadena, puse a otros tres niños. A uno de ellos le di un libro. Se titulaba: “Mi experiencia hasta hoy”, eran páginas en blanco encuadernadas. Le dije : “Tú eres el pensamiento”. Y al otro niño: “tú eres la emoción”. Los dos sois el sistema nervioso central. Le indiqué al tercero, “Tú el comportamiento”. Ya sólo me faltaba dar un rol. Pedí un último voluntario y dándole una cartulina con un helado dibujado: “Y tú un helado” Ya tenía los papeles repartidos.

El “helado” se acercó al primer niño de la cadena. Le pregunté: ¿Qué es?. Contestó: ¡Un helado! Puse cara de extrañeza: “¿Cómo lo sabes? Tu eres un receptor de información. Si eres el ojo no sabes lo que es, sólo puedes trasmitir información sensorial ¿qué es lo que ves? ¡Formas, colores, aspecto! Esa es la información que trasmites”. Y la información, como el viejo juego del teléfono, corrió hacia el “cerebro”.

Al mismo tiempo, si lo tocamos, es decir si somos un receptor táctil ¿qué información pasaremos a los demás compañeros (nervios)? ¡Qué está frío! ¿Y si fueras un receptor de la lengua y le dieras un lametón? ¡Qué está bueno! -me contestó uno de ellos- ¿Seguro? ¿No hemos quedado que sólo podíamos trasmitir información sensorial?. ¡Eso es el trabajo del sistema nervioso central! Nosotros sólo podemos indicarle que es dulce, frío… poco más.

Así entonces, representamos cómo toda la información llegaba al sistema nervioso central. “¿Cómo sabe el cerebro que es un helado y que le gusta y que, por lo tanto puede comerlo?” Ahí se quedaron callados. El gran secreto es el libro que tiene el “niño-pensamiento” en sus manos. Simulamos cómo el niño-libro consultaba lo que su “experiencia” le decía y que con todos esos datos tomaba una decisión. Antes le dije al niño que hacía de emoción que estuviera muy atento y que cuando oyera que el pensamiento llegase a una conclusión (¡Es bueno! ¡Me lo quiero comer!) le diera un pequeño y cariñoso empujón al niño que hacia de comportamiento y que este se abalanzara hacia el helado y se lo comiera.

El siguiente paso fue un debate, la verdad que muy intenso, interesante y, sobre todo, gratamente sorprendente, sobre como lo que sentimos y hacemos depende de lo que creemos. El libro que les di, estaba en blanco, “todo por escribir” y eso nos llevó a un interesante debate a cerca de: “cuidado con lo que escribimos porque lo que aquí ponga, para el dueño del “libro”, será verdad aunque no lo sea y eso nos llevará a generarnos emociones”. Este punto fue el más interesante. Las posibilidades de trabajar desde esta perspectiva son infinitas, todo cabe: problemas de autoestima, miedos, bullying y un larguísimo, etc. de aspectos vinculados a la inteligencia emocional

Aunque, pensándolo bien, el tema a debatir no importa. El objetivo es siempre el mismo: tratar de concienciar a los niños (¿sólo a ellos?) que las emociones surgen de las interpretaciones que hacemos sobre lo que acontece, lo cual confiere una gran operatividad sobre el tema de la gestión de nuestras emociones.

Fue una simple conferencia con todas las limitaciones que implica un acto puntual como este pero pienso que por aquí tenemos que enfocarnos si queremos hacer un trabajo que se aleje de los tópicos y las simplificaciones que tanto abundan en el trabajo sobre inteligencia emocional y no sólo pienso en los niños, basta echar una ojeada por internet ¿no es así?.

Por mi parte, encantado de comentar, debatir, construir, con cualquier profesional interesado en esta experiencia y como mejorarla dada la importancia que tiene la inteligencia emocional en todos los ámbitos.

Sólo me queda agradecer la cordial y amable colaboración de la dirección y los maestros del Colegio Natzaret de Esplugues de Llobregat (Barcelona)

 

Eduardo Resbier. Director Postgrado de Comunicación Persuasiva. Título propio de la Universidad de Barcelona. Puedes ver una breve explicación de los objetivos del Postgrado en este video

NOTA: Artículo vinculado: ¿Realmente existen las emociones tóxicas?

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