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Puestos a sugestionarte, ¡sugestiónate bien!

Cómo nos aferramos a nuestras creencias. Una forma de autohipnosis.
¡Yo nunca podré hablar en público! Esta es una de las muchas creencias negativas que muchas personas tienen y que con más frecuencia escucho. Cuando oigo esto sé que es falso, que todas las personas pueden hablar en público y disfrutar con ello. El que algunos lo hagan mejor que otros no es relevante, lo que sí es relevante es hablar tranquilamente delante de un auditorio dado que después es fácil aprender a hacerlo cada vez mejor.  El miedo a hablar en público se debe al temor a una evaluación negativa que nos puedan hacer los demás. No deseamos que nos evalúen negativamente por lo que nos obligamos a hacerlo tan bien y a no cometer ningún fallo que se nos dispara la ansiedad  y nos colapsamos. Si se supera este miedo y te dices que no pasa nada ya estás en el camino de convertirte en un buen orador. Pero la realidad es que aunque esto sea cierto no acaba de funcionar: ya le puedes decir esto a quien tiene miedo, ya le puedes decir que es capaz, ya le puedes demostrar que puede hacerlo que en su fuero interno sabe que no lo hará. Te dice que sí pero no se lo cree. Sigue con miedo a hablar en público y cuando lo intenta se queda en blanco. Entonces es cuando te mira abatido y te suelta: ves, no hay manera. Yo soy así. Nunca podré hablar en público y mira que tengo ganas de hacerlo. ¡Y las tiene! ¡Y daría algo por hacerlo bien! Pero sin darse cuenta se boicotea.
Una vez se me ocurrió en un curso de coach ilustrar a través de la hipnosis cómo hacemos para boicotearnos. Utilicé una sugestión sencilla: colocar la mano de una persona sobre la mesa y “decirle” que su mano se “pegaría” a ella tanto que no podría “despegarla” por más que lo intentara. Y en un momento dado, cuando me  di cuenta que la sugestión ya había calado, le “ordené” que la “despegase”. La persona trató de hacerlo, hizo fuerza y sólo constató que realmente no podía. Cuando uno “ve” que no puede levantarla aunque lo intenta, hace que la sugestión todavía sea más fuerte y la mano “se pegue” todavía  más. He visto en alguna ocasión como la persona “arrastraba” la mesa sin que la palma de la mano se hubiera levantado ni un ápice.
¿Realmente la mano está pegada? No, en absoluto. Entonces, ¿por qué no puede alzarla a pesar de los esfuerzos que hace? Porque él mismo se lo impide. Por un lado está sugestionado a “apretar” la mano sobre la mesa al tiempo que intenta despegarla. ¿Resultado? Una fuerte tensión entre dos fuerzas que se anulan una a otra y cuyo resultado es la sensación  de que no puede aunque  lo esté intentando.  Es como cuando dos grupos tiran de la cuerda con la misma fuerza. Se esfuerzan pero la cuerda no se mueve. Y, en el caso de la mano, sólo tienes que reforzarlo, ves como no puedes, haciéndole  constatar la inutilidad de su esfuerzo para que la sugestión tenga todavía más fuerza.
El paralelismo con lo que hacemos con nuestras creencias limitantes  es total. Por un lado queremos y tratamos de superar una creencia negativa con todas nuestras fuerzas,  pero al mismo tiempo, con todas nuestras fuerzas, nos obstaculizamos anticipando toda clase de desgracias. El resultado es que nos “pegamos” a nuestras creencias limitantes jurando y perjurando que lo estamos intentando ¡y, de hecho, lo intentamos! Eso hace que caigamos en una terrible trampa mental: el hecho de que no podamos demuestra que la creencia negativa es cierta cuando en realidad lo único que demuestra es cómo hacemos para boicotearnos. Es algo tan sutil que se escapa a nuestra conciencia y esto todavía hace que nos “peguemos” más. Es una especie de “autohipnosis”  negativa, tremendamente efectiva.
Cuando en la hipnosis le sugieres a la persona que tiene la mano “pegada en la mesa” que cuando cuentes hasta tres podrá despegarla sin problemas… y sucede;  ¡la persona queda alucinada!… no entiende nada. No entiende que no pudiera levantar la mano antes y entiende menos que luego sea tan fácil hacerlo. Lo mismo sucede cuando una persona en un curso de hablar en público constata lo fácil que es. Entonces te mira y te dice: ¿cómo es posible? Fácil: siempre era posible. Sólo que sabias que no podías hacerlo y no que podías.  Te has hipnotizado, literalmente, para hacerlo mal. Y no es solamente una imagen, por desgracia. Puestos a “hipnotizarte”, ¡“hipnotízate” bien!
Os dejo este video demostrativo de una de mis sesiones de hipnosis donde podéis ver como a una persona se le “pega” la mano y no puede “despegarla”. Espero vuestros comentarios (dudas, sugerencias) sobre este tema. Como siempre un fuerte abrazo a tod@s.

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2 thoughts on “Puestos a sugestionarte, ¡sugestiónate bien!

  1. Por desgracia para muchos, las creencias limitantes empiezan en el seno familiar y tienen su continuidad en la propia escuela. Cuantas veces no se ha oido la frase “tu no sirves para los estudios”. “No tienes futuro”. “Eres tonto”.
    “Eres un despistado”.
    El profesorado debería estar mejor preparado para ayudar a crecer a las personas.

  2. Totalmente de acuerdo con el comentario anterior: las personas para rendir más necesitamos que nos animen y aplaudan nuestros pequeños o grandes logros…afortunadamente en la UB yo he encontrado algun@s profesor@s que saben hacer su trabajo; aunque deberian ser todos.
    M.

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